martes, 4 de diciembre de 2007

TOÑIN AL RESCATE


Hasta la Antártida (o Antártica) puede convertirse en un suplicio... sobre todo si no se asumen los improvistos. El (ordenador/computador) portátil murió para siempre aunque pude salvar el disco duro. Demasiado aguantó tras dos años de deambular por los lugares menos recomendables para él. El hundimiento de un buque de pasajeros (el primero de la Historia en la Antártica) cuando iniciábamos el camino de regreso y al que tuvimos que socorrer, nos cambió los planes y prolongó nuestra estancia en el lugar más de lo deseado. Ante el peligro de perder los billetes de avión, hice todo lo posible por evitarlo y me evacuaron en helicóptero y salí del continente antártico en un avión Hércules de la Fuerza Aérea Uruguaya.
Hasta que los improvistos me asaltaron, el viaje transcurrió de manera satisfactoria. Pude completar casi en su totalidad los trabajos que me planteé lo que permitió compartir con personas que viven por un año o dos de manera permanente en la zona en condiciones de vida como os podéis imaginar durísimas.
El tiempo (con escaso viento) favoreció una navegación bastante tranquila. En cuanto a temperaturas a las puertas del verano polar, no bajaron en alta mar de -5. Más frío me contáis alguno que hizo por España. Afortunadamente para mi, pude acceder a las bases en unas condiciones de puro invierno (me cuentan que el invierno más duro de los últimos años). La nieve se acumulaba por encima de las ventanas. Durante gran parte del recorrido por la zona Antártica, el hielo se acumulaba por lo que el buque rompehielos tuvo emplearse a fondo para abrirse camino por un extenso mar blanco (de hielo).
La convivencia en el buque de la Armada de Chile, estupenda. Ni conseguí que terminaran de aprender en hablar en español adecuadamente, claro que tampoco yo soy el mejor ejemplo, todo lo contrario.
Imprescindible en mis viajes es el componente humano. En Punta Arenas volví a reunirme con amigos y nuevos conocidos. Virginia, Paula y familia me dieron una cobertura impagable que me coloca en una situación de deuda continua con ellas. Otro tanto de los mismo con Ana María y Víctor, con quien compartí proyectos en una ambiente de mutua admiración. Jaime me permitió vivir una experiencia inolvidable tanto por su compañía singular como por facilitarme conocer por unos días la esquila del ganado de su estancia en la Isla de la Tierra del Fuego. Y de un lado para otro de la mano y guía de estos amigos, conocí a otros tantos que contribuyeron a enriquecer mi estancia y mi nuevo paso por estas tierras.
Por culpa del affiare con el ordenador/computador, tan solo puedo compartir con vosotros alguna de las fotos de los primeros días. Tendréis que esperar a que vuelva a España para mostraros otras.
Gracias por los mails que por falta de tiempo e infraestructura se han quedado sin mi respuesta. Gracias, una vez más, por la compañía.
Estoy a punto de dejar Punta Arenas. Hace sol pero el viento, aunque ligero, no deja de golpear y perfilar los contornos de esta tierra dura, una tierra que me inspira multitud de historias, experiencias y vivencias y que cada vez que marcho lo hago con nuevos proyectos y predisposiciones de terceros para llevarlas a cabo. Es un lujo volver a lugares conocidos cuando se tiene mucho por recorrer pero si las vivencias que en ellos se pueden vivir son únicas y no se pueden comprar en ninguna agencia, entonces no queda mayor placer que volver a por ellas.
Una etapa más está a punto de finalizar, pero el viaje por esta vida continua.

En Punta Arenas a 3 de diciembre de 2007

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